
Por: Clínica San Luis.
Ser papá o mamá es una aventura maravillosa, llena de primeras veces y aprendizajes constantes. Pero también es cierto que, en ocasiones, nos enfrentamos a situaciones de salud de nuestros hijos que nos generan dudas y preocupación. Ante un malestar arrepentido, una fiebre alta o un golpe inesperado, la pregunta siempre es la misma: ¿será necesario ir a urgencias?
Ir a un servicio de urgencias puede ser estresante, tanto para ustedes como para los pequeños. Las esperas, la preocupación y el ambiente pueden generar ansiedad. Por eso, es fundamental tener algunas pautas claras para saber cuándo es realmente necesario buscar atención médica inmediata.
Señales de alerta que no se deben ignorar:
Hay situaciones en las que la respuesta es clara: ¡urgencias sin dudarlo! Estas son algunas de las señales que indican que tu hijo necesita atención médica inmediata:
- Dificultad para respirar: Si notas que tu hijo respira con dificultad, hace ruidos extraños al hacerlo (como silbidos o quejidos), se le hunde el pecho o los labios se le ponen morados (cianosis), no esperes.
- Pérdida de conciencia o convulsiones: Cualquier episodio de pérdida de conocimiento o convulsiones requiere atención urgente.
- Traumatismo importante: Golpes fuertes en la cabeza, caídas desde alturas considerables, accidentes de tráfico o cualquier traumatismo que cause dolor intenso, deformidad o sangrado abundante.
- Sangrado abundante: Heridas que no dejan de sangrar a pesar de la presión o sangrados por nariz, oídos o boca sin causa aparente.
- Dolor intenso y repentino: Especialmente dolor en el pecho, abdomen o cabeza que aparece de forma súbita y es muy fuerte.
- Signos de deshidratación severa: Si tu hijo no orina en muchas horas, tiene la boca muy seca, llora sin lágrimas, está muy decaído o somnoliento, puede estar deshidratado y necesitar líquidos por vía intravenosa.
- Fiebre alta en bebés menores de 3 meses: En bebés tan pequeños, cualquier fiebre por encima de 38°C (100.4°F) debe ser evaluada por un médico de inmediato.
- Vómitos o diarrea persistentes: Especialmente si se acompañan de signos de deshidratación o dolor abdominal intenso.
- Reacción alérgica grave (anafilaxia): dificultad para respirar, aumento de la cara, labios o lengua, erupción generalizada con picazón intensa, mareos o pérdida de conciencia después de la exposición a un alérgeno conocido.
- Cambios repentinos en el comportamiento o el estado mental: Confusión, irritabilidad extrema, somnolencia inusual o dificultad para despertar.
¿Y cuándo podemos esperar y consultar con nuestro pediatra?
Hay otros síntomas y malestares que, si bien nos preocupan, no necesariamente requieren una visita inmediata a urgencias. En estos casos, lo más recomendable es contactar a su pediatra para una consulta programada o seguir sus indicaciones si ya tiene un plan de manejo para ciertas situaciones. Algunos ejemplos incluyen:
- Fiebre moderada: En niños mayores de 3 meses sin otros síntomas de alarma, la fiebre puede manejarse en casa siguiendo las indicaciones del pediatra.
- Resfriado común: Congestión nasal, tos leve, dolor de garganta sin dificultad para tragar o respirar.
- Dolores leves: Dolores de cabeza ocasionales, dolores musculares leves sin antecedente de traumatismo importante.
- Erupciones cutáneas: Siempre y cuando no se acompaña de dificultad para respirar, hinchazón o fiebre alta.
- Vómitos o diarrea leves: Sin signos de deshidratación y que no son persistentes.
La importancia de la calma y la observación:
En momentos de angustia, es fundamental intentar mantener la calma para poder observar con claridad los síntomas de nuestro hijo. Anota cuándo comenzaron, cómo evolucionan y cualquier otro detalle que pueda ser relevante para el médico.